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Artesanía Ferreras

Un reloj hecho a mano en Barcelona: el montaje del Almirante, gesto a gesto

, 6 min de lectura

Ferreras Almirante · El montaje a mano de un reloj automático (2:10)

Un reloj hecho a mano no se reconoce a primera vista. Se reconoce en lo que no se ve: en el tiempo que alguien ha dedicado a cada componente antes de que llegue a su muñeca. Este es el recorrido del Ferreras Almirante desde el banco del relojero, en Barcelona, hasta su estuche.

Un Ferreras Almirante no sale de una línea de producción. Nace en el banco de un maestro relojero, pieza a pieza. Hemos querido mostrarlo sin palabras, en un vídeo de dos minutos dividido en ocho capítulos. Aquí lo contamos con más calma: qué ocurre en cada etapa y por qué cada gesto importa.

Qué significa que un reloj esté hecho a mano

En relojería, "hecho a mano" no quiere decir que cada tornillo se fabrique en un taller. Quiere decir que una persona, y no una máquina, monta, ajusta y verifica el reloj. Es la diferencia entre ensamblar y terminar una pieza.

En el Almirante, ese trabajo tiene nombre y lugar. Cada reloj se diseña y se ensambla en Barcelona, y un maestro relojero ajusta a mano el calibre, uno a uno. Es la forma en que entendemos la relojería de autor en Ferreras: pocas piezas, numeradas, y una persona responsable de cada una.

I. Las piezas

Todo empieza sobre un paño, con los componentes ordenados: la caja de acero 316L de 40 mm, el bisel con baño de oro de 18 kt y protección nanocerámica, la esfera efecto porcelana micro-grainé, las agujas, el cristal y el fondo de zafiro, el brazalete integrado.

Nada se monta todavía. Antes, cada pieza se revisa. Un reloj de autor se decide en estos detalles.

II. El banco del relojero

El banco del relojero es un espacio pequeño y exacto: lupa, pinzas, destornilladores de precisión y una luz que no deja sombras. Aquí se trabaja sin prisa. Una pieza de edición limitada no admite atajos, y el ritmo lo marca el relojero, no un reloj de fichar.

En nuestro Atelier trabajamos con el maestro relojero Diego Rispoli, bajo la dirección creativa de Ferreras.

III. El calibre y su precisión

El corazón del Almirante es un calibre automático suizo Sellita SW200, en versión semi-skeleton con acabado dorado y 26 joyas. Late a 28.800 alternancias por hora y ofrece una reserva de marcha aproximada de 38 horas.

Un buen calibre es el punto de partida. Lo que lo convierte en un Almirante es el ajuste a mano: el relojero controla su precisión y lo regula pieza a pieza antes de seguir. Por eso decimos que no se compra un mecanismo. Se compra un reloj terminado por alguien.

A través del corazón abierto de 12 mm en la esfera, y del fondo de zafiro, ese trabajo queda a la vista para siempre.

Destornillador de precisión sobre el calibre automático de acabado dorado durante el montaje de un reloj Ferreras.

IV. Las agujas

Colocar las agujas es uno de los momentos más delicados del montaje de un reloj automático. Deben quedar paralelas a la esfera, a la altura justa y perfectamente alineadas en cada hora. Una desviación mínima se notaría con la luz.

Sobre la esfera, la F de Ferreras integrada en el minutero recibe a las agujas. Es una firma que solo se descubre de cerca.

V. El encajado

Con el movimiento ajustado y las agujas en su sitio, llega el encajado: el conjunto entra en la caja de 40 mm. Se cierra con el fondo de zafiro, que deja ver el calibre semi-skeleton dorado, y se coloca la corona firmada con el tiburón, símbolo de la casa.

En el interior del bisel bañado en oro queda grabada la numeración de la pieza. Cada Almirante pertenece a una edición limitada de 100 relojes numerados, y cada número cuenta una sola historia.

Numeración grabada en el interior del bisel bañado en oro de 18 kt del Ferreras Almirante.

VI. La prueba de estanqueidad

Antes de darse por terminado, cada Almirante pasa una prueba de estanqueidad a 10 bar, coherente con su resistencia de 10 ATM. Es el control que asegura que el reloj puede acompañarle cerca del mar.

La resistencia al agua de los relojes se rige por una norma internacional, la ISO 22810, que fija los requisitos y los métodos de ensayo. En un reloj montado a mano, esta comprobación tiene un valor añadido: confirma que cada junta y cada cierre se han colocado con exactitud.

VII. El armis

El brazalete integrado de acero 316L se monta al final. Al ser integrado, caja y armis forman una sola línea, sin interrupciones. Se ajusta, se revisa el cierre y se comprueba cómo cae sobre la muñeca.

Es la parte que más se toca a diario y una de las que más se cuidan.

VIII. El estuche

El último gesto es el más sencillo: el reloj entra en su estuche. Detrás quedan horas de trabajo que nadie verá, y que el propietario sentirá cada día.

Desde la asignación de la pieza, la entrega aproximada del Almirante es de 90 días. Es el tiempo que pide un reloj hecho a mano.

Revisión final con guantes blancos de un Ferreras Almirante junto a su estuche antes de la entrega.

Por qué elegir un reloj hecho a mano

Un reloj montado a mano no es solo más preciso tras su ajuste. Es un objeto con autoría. Sabe dónde nació, quién lo terminó y qué número lleva.

Si está valorando su primer automático, en la Revista le explicamos cómo elegir un reloj automático con criterio. Y si prefiere ver el resultado, el Ferreras Almirante resume todo lo anterior: 100 piezas numeradas, diseñadas y ensambladas en Barcelona, con corazón suizo y alma española.

Preguntas frecuentes

¿Dónde se monta el Ferreras Almirante?

Cada Almirante se diseña y se ensambla en Barcelona. Un maestro relojero ajusta a mano su calibre, uno a uno.

¿Qué calibre lleva el Almirante?

Un calibre automático suizo Sellita SW200 semi-skeleton de acabado dorado, con 26 joyas y una reserva de marcha aproximada de 38 horas.

¿Cuánto tarda en entregarse?

La entrega aproximada es de 90 días.

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